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| Pantallazo de Enero/2011 |
Mi historia con Ubuntu se remonta, si mal no recuerdo, a la temporada 2007/2008 cuando en casa compraron la primera computadora después de un par de años de cibers. En ese momento instalamos Windows XP porque era una máquina familiar, aunque yo por entonces no conocía nada más que eso.
Con el tiempo, no recuerdo bien cómo sucedió, empecé a aprender sobre Linux y las distintas distribuciones. Elegí la que todos decían era la más sencilla -Ubuntu- y arranqué con algunas lecturas sobre particionado. Como tenía un blog de tecnología y estaba algo aburrido -muy mala mezcla-, un lunes lluvioso decidí tirarme a la pileta e instalar dos SO.
¿Resultado? Borré todo lo que había en Windows y la computadora quedó funcionando con Ubuntu 7.04 "Feisty Fawn" por completo. Para mis viejos haber perdido sus fotos y otros documentos no significó mucho, pero para mi hermano, que lo único que hacía en esa computadora era jugar, fue lo peor que podría haber sucedido.
Así anduve durante los meses siguientes, experimentando desde un Live CD con una versión fresca de XP, hasta que recibí mi propia computadora portátil para navidad. El pobre de Windows Vista duró poco solito en ese disco duro y por primera vez pude hacer una partición -medianamente- bien. Con el tiempo fui aprendiendo cosas nuevas, tocando otras por tocar, arruinando instalaciones, formateando mil y una vez, hasta que decidí quedarme en Ubuntu y dejar tranquilo al HD.
Ahora mi computadora -que ya tiene sus años- está corriendo sobre Maverick Meerkat 10.10 y solamente uso Windows desde el VirtualBox (además de Wine) para evitar tener que vérmelas con el GParted.
A pesar de los años y de las cosas que fui aprendiendo sobre Ubuntu y sobre Linux en general, todavía sigo siendo flor de novato. Por suerte las ganas de seguir conociendo cosas nunca se termina.
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